Anne Hathaway
La niña de Princesa por sorpresa, aquella meliflua película donde una adolescente americana descubre, de la noche a la mañana, hija de un rey, ha crecido. Ahora trabaja en el mundo de la moda y las revistas femeninas a las órdenes de una déspota y maquiavélica Meryl Streep. Tranquilos sólo se trata de ficción. Tal argumento no es más que de la película El diablo viste de Prada, un paso decisivo en la carrera de Anne Hathaway, actriz empeñada en abandonar esa imagen de princesa almibarada que amenaza con condicionar todo lo que toca. Anne, muy guapa, alta, lista y de educación exquisita, ya demostró de lo que era capaz en Brokeback Mountain, donde interpretaba a la esposa pija y liberada de Jake Gyllenhaal. Ahora acaba de terminar el rodaje de Becoming Jane, donde le ha tocado en suerte el personaje principal, la escritora Jane Austen. " Cuando me lo propusieron, sencillamente, no me veía. Pensé que me lo ofrecían a mí porque Kate Winslet (experta en corsés y miriñaques) no se encontraba disponible". Sea como fuere, lo cierto es que Anne ya no parece dispuesta a dejarse engatusar por según que guiones: "Durante mucho tiempo me he sentido fracasada, porque no me daban los papeles que yo quería. Poco a poco me he acostumbrado a ser rechazada en las pruebas y he aprendido de ese rechazo". Quizás por ello aceptó un papel en Havoc, película donde no sólo enseñaba los pechos sino que interpretaba a una arpía de pocos escrúpulos. "La gente que me había visto en Princesa por sorpresa pensó que acepté el trabajo para huir del encasillamiento y de mi imagen de niña buena. Pero no fue tanto por eso como por mi misma. A veces pienso que yo sería como mi personaje de no haber seguido con mi carrera. Estaría perdida". Anne, hija de un abogado y una actriz, nació y creció en New Jersey. Desde pequeña recibió enseñanzas católicas de las que ahora no se muestra tan convencida. "Uno de mis hermanos es gay. Yo defiendo el derecho que tiene cada uno de amar a quien le apetezca. Soy creyente, pero también quiero a mi hermano y no puedo apoyar una Iglesia que es incapaz de apoyarle a él".
Como muchas de las actrices de su generación, empezó su carrera en la televisión y pronto dio el salto al cine convirtiéndose en el ídolo de muchas jovencitas, algo de lo que ella reniega: "Nunca he pretendido ser ejemplo para nadie. Hombre, es alagador que alguien intente imitarme, pero no puedo permitir que eso me condicione. Debo vivir mi vida a mi modo".
Con 23 años y situada en un cómodo lugar dentro del mundo del cine ("voy justo detrás de Natalie Portam, Scarlett Johansson y Keira Knightley. Si ellas no están disponibles, entonces me llaman a mí"), se confiesa alérgica a ciertas costumbres de famosos ("sólo tengo un asitente personal cuando trabajo. Para lo demás no lo necesito. He visto cómo muchos compañeros abusan de su equipo y creo que si tengo un mal día creo que no debo descargar mi frustación en nadie que trabaje para mí. Prefiero evitar la tentación")y enamorada. "Mi novio es italiano y se llama Raffaello. No tiene nada que ver con el mundo del cine- es inversor financiero- pero para mí es perfecto. Desde que nos miramos por primera vez no puedo pensar en nadie que no sea él". Romántico, ¿no?.

Sus declaraciones están sacadas del númerode noviembre de 2006 de la revista cosmopolitan.
Raquel Atondo.
